Lo que nadie me dijo antes de tener perro
10 cambios en mi vida
Ahí está,
con sus tesoros, tumbadita en el futón: mordisqueando la funda de plástico de
un antifaz de viaje y pegada a mis calcetines usados. Matilda no me quita (el rabillo del) ojo. Hoy
cumple un año, y ha pasado conmigo 10 meses. ¿Cómo es posible que un bichín (así le
llama mi sobrina) de 8 kilos haya cambiado estrepitosamente mi vida? Aquí van
10 ejemplos. Y algún estudio científico que me tranquiliza: no estoy tan loca.
1. Practico ejercicio, sí o sí. He pasado de ser una perfecta deportista inconstante a
convertirme, en el parque, en una presencia insistente. Para trotar al aire
libre, usurpar los bancos de abdominales a los corredores o a los vigoréxicos y
buscar desesperadamente aMatilda cuando le da por explorar el terreno
mientras yo sudo con los fondos. No hay excusa que valga. Ya puedes haberte
bebido una noche el agua de los floreros que, al llegar a casa, en vez de
alguien con el rodillo en ristre, te esperan ellos con la correa entre las
fauces. Resulta que sí, que los que tenemos perro hacemos más ejercicio, aunque
sea caminar, del orden de media hora más a la semana que quienes
no lo tienen,
2. Tengo más tono muscular, pero no es lo que tú te piensas. Dispongo de un número indeterminado de músculos -los de la sonrisa- en perfecta forma. Los ejercito a diario cuando:
-Veo
a Matilda huir
escaleras abajo, las orejas plegadas hacia atrás, como si quisiera hacerse
invisible, con a) calcetines, cuanto más sudados, más ricos; c) sandalia
de tacón alto o zapatilla deportiva, todo le vale; d) crema hidratante o
similar, pero generalmente, cara e) cualquier objeto que caiga al suelo y
despierte su siempre desmesurada curiosidad.
-Se
lanza a por las moscas (y las avispas) como si no existiera un mañana.
-Lame
con delectación el agua que cae en la bañera mientras la lavo, algo que ella
odia personalmente.
-Juega
al balón con un cubito de hielo.
3. Soy la mujer sin nombre. En el barrio nadie sabe como me llamo,
solo que paseo con Matilda.
Como mucho, mis nuevos amigos guardan el número de teléfono poniendo el nombre
de la perra como apellido. Yo hago lo mismo. Mi madre, que cuando llegóMatilda la recibió diciendo:
"¡Qué desgracia más grande!", ya no me pregunta qué tal estoy sino
cuál es la última trastada que ha hecho la perrina.
4. Hago cosas muy raras. Si hace un año me dicen que por tener perro voy a asistir,
en la misma noche, a una representación magistral del Ballet Nacional de Cuba y
al bar más cafre de Chueca (uno en que te sirven tapas gigantescas con vasos de
vino a juego), no me lo creeria. Pero también he ido de merendola (de las de manta
de cuadros) al parque, viajado a Nueva York para ejercer de descargadora de
muebles y pasear a Trufo, el novio de Matilda, o descubierto
discotecas en el sótano de una taberna de León. Todo ello, formando parte del
grupo humano-perruno más disparatado, heterogéneo y noble que podáis imaginar.
5. Vivo en un estado de asombro permanente. Ante la cantidad de sonidos diferentes que emite Matilda para que le haga caso, las posturas
acrobáticas que adopta para dormir, la coreografía de sus juegos con
prácticamente todos los perros que encuentra por la calle, su tozudez y su
infinita capacidad de huir cuando no le sale de las pezuñas volver a casa.
6. Recibo amor a paladas. Pedí a mis colegas perrunos que me
dijesen como les ha cambiado la vida su perro. Y se han puesto
sentimentales:
"El
perro es tu amigo, tu compañero, tu defensor. Tu eres su vida, su todo. Son
como uno más de la familia, te demuestran su alegría y comparten tus tristezas,
te dan amor incondicional, son fieles, leales, grandes compañeros, siempre
están ahí. Dicen que a los perros solo les falta hablar, yo creo que no, hablan
con sus ojos, con sus movimientos" (África, compañera de muchos años
de Bruja, una teckel
con mucho carácter. Ha convivido con ellos desde que tiene uso de razón)
"Me
asombra la fidelidad, la lealtad y la incondicionalidad. Siempre está, con
independencia de tu estado de ánimo. Siempre se alegra al verte y desea estar
contigo. Busca permanentemente tu aprobación, cariño y respeto" (José, padre de Agua, una bulldog francesa que ostenta el título mundial de
lamidos por minuto).
"Por
ahora todo es bueno, incluso el pis en casa. Y las fiestas que te hace cuando
te ve, sea mañana, tarde o noche" Alberto, dueño de Leo, un golden de tres meses.
"Compañía,
cariño, vamos, como un hijo pero con muchos menos problemas y más cariñosos. Y
encima te obedecen" (Juana, madre de
humanos y de perros).
Yo
suscribo todo lo anterior.
7. Odio a los cacadueños. No
sé quienes son, porque nunca les he pillado. Pero sé lo que hacen. Minar el
barrio con las deposiciones de sus perros, todo por no agacharse a recogerlas
(no es para tanto, en invierno hasta te calientan la mano). Con vosotros,
perdemos todos: los que tenemos perro y recogemos, porque pagamos justos por
pecadores. El rechazo que debería ser exclusivo hacia los incívicos lo
recibimos todos. Y es una cochinada. ¿Acaso dejarías a tu hijo cagar en la
calle?
8. ¿Soy
la madre de un furkid? Es el palabro inglés para
describir a los perros o los gatos que son tratados como hijos... Yo no los
tengo, siempre pensé que no estaba preparada para ser madre. Tampoco he pensado
si me relaciono con Matilda como si fuese mi hija. Pero sospecho
que si, si eso significa aceptar que debes cuidar, alimentar y establecer un
vínculo afectivo con un cachorro que te necesita y que te muestra su
cariño.
9. He
dejado de fumar... y más. Dar
largos paseos con Matilda era
incompatible con la energía que me quitaba el tabaco. Además de las ventajas de
abandonar el hábito, convivir con ella parece que es bueno para la tensión
arterial, el estrés, y el colesterol. La Asociación Americana
del Corazón, en una revisión de trabajos previos, ha afirmado que tener un perro
"puede reducir el riesgo de sufrir enfermedad cardiovascular"
10. Tengo mejor carácter. Cuando lanzamos el blog, entrevisté a Brian Hare, una antropólogo evolucionista
estudioso del comportamiento de los perros y autor de The
Genius of Dogs. Y
sobre los efectos perrunos en nuestra cabeza, decía: "Nuestra
relación con los perros se ha hecho tan cercana que ha cambiado nuestra
psicología. Interactuar con un perro puede elevar los niveles de oxitocina,
beta endorfinas y dopamina, asociadas con el placer y los sentimientos
amorosos". Yo solo sé que, al igual que vivo el paso de los días y de las
estaciones con más intensidad (paseos obligan), me veo más disfrutona.
Epílogo: no, no he ligado. Tener perro sube la
autoestima y te hace más atractivo, mantiene el profesor Hare. Viene a decir
que te olvides de las cibercitas o las discotecas. Pasearlo te va a
proporcionar compañía amorosa. En eso no he triunfado, aunque progreso
adecuadamente en los capítulos 1, 2, 6, 9 y 10. Así que casi que me doy con un
canto en los dientes.
Y
a ti, ¿como te ha cambiado la vida tu perro o tu gato?

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